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La economía figura como nuevo factor de conflicto en el país, según expertos

Domingo, 13 de noviembre de 2022 a las 19:00
Un escenario que preocupa es la indiferencia del Gobierno con el sector empresarial y la caída de las Reservas Internacionales Netas (RNI). Estos factores serán perjudiciales el año que viene si es que no se abordan, dicen los expertos


Luis Arce dibujó un país que se recupera y que enfrenta la crisis económica de forma positiva. Una inflación baja, caída del desempleo, reducción del déficit y una mejor renta petrolera fueron los puntos que destacó en su mensaje por sus dos años de gestión. Sin embargo, expertos y organismos no tienen un buen pronóstico económico para Bolivia en 2023.

Arce no incluyó ni habló sobre el sector empresarial, la caída de las Reservas Internacionales Netas (RIN) y la pérdida de la calidad del empleo a raíz de la informalidad. En su mensaje, el jefe de Estado hizo hincapié en sus logros macroeconómicos que, según la primera autoridad, son destacados incluso en el plano internacional y son objeto de estudio.

El economista Germán Molina ve que la economía del país se verá afectada en la gestión 2023 por el aumento del déficit fiscal, la caída de las Reservas Internacionales Netas (RIN) y del sector hidrocarburos, la realidad de la inflación y de la deuda pública, así como las perspectivas de reactivación y crecimiento económico.

“El presidente Luis Arce no mencionó las perspectivas económicas de Bolivia para la gestión 2023, año en que, según organismos internacionales, el crecimiento será aún menor al de este año. El presidente debió anunciar las proyecciones de indicadores como el PIB, la tasa de inflación y de déficit fiscal, puesto que ello permite a los empresarios y al sector público a tomar decisiones a futuro”, consideró Molina.

Explicar el RIN
El analista remarcó que desde el Gobierno no explican que a partir 2023, 2024 y 2025,2026 y 2027, el país ya tiene que ir pagando Bonos Soberanos, pero con los niveles de las RIN, según Molina, el país no podrá cumplir con sus obligaciones y tendrá que renegociar las condiciones con los acreedores internacionales.

La Comisión Económica para América Latina (Cepal) volvió a mejorar la previsión de crecimiento de América para 2022, de 2.,7% estimado en agosto a un 3,2%. Además, anticipa que la desaceleración de la economía se acentúe en 2023, donde los países latinoamericanos se verán “enfrentados a un contexto internacional desfavorable, en el que se espera una desaceleración tanto del crecimiento como del comercio global, tasas de interés más altas y menor liquidez global”, producto del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

En el caso de Bolivia, la Cepal prevé una tasa de crecimiento económico del 3% para 2023 frente al 3.5% que se proyecta para el cierre de 2022. Sin embargo, con esta cifra Bolivia es el tercer mejor posicionado junto a Uruguay, solo por detrás de una Venezuela en busca de recuperación (5%) y Paraguay (4%).

José Gabriel Espinoza, economista y exdirectivo del Banco Central de Bolivia (BCB), afirmó que las cifras de crecimiento todavía son bajas en comparación a lo que se manejaba en 2019, cuando se atravesaba un “periodo de normalidad”, es decir, se crecía por encima de los niveles actuales. Esto implica -dijo- a que el panorama en 2023 no será tan optimista.

“Vamos a cerrar este año, como Bolivia, con un crecimiento que solo nos alcanzaría para recuperar los niveles observados en 2019 y a partir de ahí vamos a ver un entorno complicado y recesivo”, consideró Espinoza.

Perspectivas del FMI
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ratificó su proyección de crecimiento del 3.8% para el cierre 2022 en lo que respecta a la economía boliviana, según su informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés) presentadas en la primera quincena de octubre. Pero la cifra tiende a la baja y arroja un 3.2 % para la gestión 2023.

Algo que no se toma en cuenta en el Gobierno son las pérdidas económicas por el déficit que tienen al menos 12 empresas públicas. El economista Luis Dávila afirmó que las pérdidas afectarán al país porque son entidades que funcionan con recursos públicos.

“Son empresas públicas, como la del litio, Lacteosbol, Papelbol, Cartonbol y tantas otras que representan pérdidas para el país. Estas empresas funcionan con recursos públicos y si tienen déficit es una afectación al Estado. Al año habrá que ver qué empresas pueden seguir funcionando y qué otras deben cerrarse. Acá hay deseos políticos que se imponen a la racionalidad económica que vive el país”, remarcó Dávila.

Desde la Cámara Nacional de Industrias (CNI) observan que desde el Gobierno -y también en el discurso presidencial- no toman en cuenta el rol “fundamental de las industrias y el sector privado”, que es el principal generador de empleos.

Pablo Camacho, titular de la CNI, dijo que es necesario hablar de la conformación de empresas mixtas y que desde el Estado se busque la complementariedad con el sector empresarial. “Se debe hablar de Sociedades Anónimas Mixtas, de alianzas público-privadas. Es vital que hablamos de un trabajo coordinado con los (empresarios). Acá hay que ser claros: no hay Estado sin empresarios y no hay empresarios sin Estado”, señaló Camacho.

El abogado Jhonny Nogales hace notar que para la gestión 2023 la perspectiva económica boliviana se verá perjudicada por la deuda externa e interna, el pago de bonos soberanos, el permanente y acumulado déficit fiscal, la creciente burocracia, el incremento de empresas públicas, la corrupción, la “justicia putrefacta”, los fondos de jubilación y otros tantos aspectos del manejo estatal, se prestan a generar desconfianza sobre el rumbo del país.

El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, recordó que Bolivia registra un descenso de la tasa de desempleo, una inflación del 2,9% y un crecimiento económico cercano al 4,1%, respecto a otras economías del mundo. También auguró un 2023 solvente.

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