Los comerciantes de la calle Eloy Salmón, en la ciudad de La Paz, ofrecen sus productos en diferentes portales digitales, sobre todo en redes sociales. Lo mismo sucede con comerciantes que no alquilan un local y que buscan en la web a sus compradores. Sin embargo, esta informalidad también perjudica al crecimiento del comercio electrónico formal.
En 2013 los comerciantes de la calle Eloy Salmón se unieron para ofertar sus productos a través de una página web. Habían creado el portal en el que su mercadería se mostraba con precios y algunas promociones. La idea no duró mucho tiempo y hoy ese sitio no existe.
En la actualidad, la mayoría de los comerciantes de la calle Eloy Salmón y de la feria Uyustus, ambos en la sede de Gobierno, ofertan sus productos a través de redes sociales. Las más utilizadas son el Facebook y el WhatsApp.
“Llegaron computadoras 2024: Nueva Lenovo Ideapad 1.A Solo a 3600 Bs. Ideal para jugadores expertos, ingenieros y arquitectos, diseño gráfico o un gamer”, dice uno de los anuncios en un grupo de Facebook llamado Eloy Salmón. Esta comunidad tiene 200.000 seguidores.
Envíos por línea
Muchos comerciantes tienen sus locales en estas ferias, pero algunos hacen su negocio tras una computadora. “Yo le envío todo a su domicilio. Tenemos transporte para llevar la mercadería que usted requiera”, explicó uno de los comerciantes ante la consulta de si se podía observar los televisores que estaban a la venta.
Sin embargo, estos avances en lo digital son contrarios a lo que sucede con el comercio electrónico formal. La economía informal es un obstáculo para que la población pueda utilizar, por ejemplo, su teléfono para hacer compras.
En Bolivia, existen en los sectores informal y formal más de 3,74 millones de unidades de negocios (entre empresas y emprendimientos personales) con presencia en internet, de las que “solo el 7% son eficientes”. El 93% no vende en línea de manera regular, afirmó Bryan Sarzuri, presidente de la Cámara Boliviana de Negocios Electrónicos y Servicios (Cabnes).
Varios expertos coinciden en que se requiere de un marco regulatorio más completo y de políticas de incentivo para la formalización del sector electrónico y se necesita una infraestructura que permita la eficiencia de los procesos de compra y venta digital de productos y servicios.