Bernardo Guarachi tiene 68 años y a principios de 2020 llegó a la cima del monte Vinson en La Antártida, con lo que logró el sueño de muchos montañistas: alcanzar las siete cumbres más altas de todos los continentes y es el único boliviano en haber conseguido esa hazaña. Con esa conquista cerró una notable trayectoria de décadas conquistando cumbres, las principales montañas del mundo y del país. Solo en Bolivia ha subido 169 veces el Illimani. Los glaciares en Bolivia se redujeron dramáticamente hasta casi la mitad en las últimas décadas y el impacto ambiental es enorme y que no solo afecta a la falta de agua. Es por eso que a través de la fundación que lleva su nombre, Guarachi, quiere concienciar e informar acerca de la necesidad de proteger el medioambiente y desarrollar actividades concretas que ayuden a revertir este problema. El andinista estuvo semanas atrás en la capital cruceña con ese objetivo. _¿A qué se debe su visita a Santa Cruz? Vine a participar en una reunión acerca del cambio climático, la embajada de Gran Bretaña lo organizó por la visita de Alok Sharma, presidente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26), que se realizará en noviembre en Inglaterra. La cordillera de Los Andes en Bolivia se está descongelando y el retroceso de los glaciares es enorme. Esto quería hacer escuchar al presidente de la COP 26. La Cordillera Real está sumamente afectada. Hace 47 años que estoy metido en las montañas, toda una vida he trabajado en las montañas y conozco cómo eran los glaciares antes y cómo están ahora. Se han descongelado más del 50% dicen los científicos. Tengo una fundación con mi nombre y estamos tratando de ayudar porque la montaña necesita que se le preste atención, que se la escuche. _¿Qué cambios ha visto desde que empezó a escalar las montañas hasta ahora? Sé que cuando uno mira las montañas desde lejos, y no conoce, parecería que estuviera igual que antes, porque lo ve blanco, pero los valles se han vaciado y esto ya tiene poca vida. Los científicos están calculando de que no aguantarán más de 30 años. Es preocupante para todo el mundo, porque estos deshielos son los que forman los ríos de la Amazonia. Es decir, que cuando ya no haya nieve y hielo tampoco habrá ríos. _¿Qué efectos ha visto que ha tenido este deshielo en las poblaciones que viven cerca de las montañas? La gente que vive al pie de la montaña vive del agua. Las que están a más altura la aprovechan para sus cultivos, para sus animales. También abastece a los grandes cultivos que hay en los valles, pero el problema es que hace un par de años, por ejemplo, en La Paz, llegamos a una gran escasez de agua. Si vuelve a ocurrir será más grave. Creo que en Bolivia hay mucha gente que le da mal uso al agua, ensucian riachuelos donde tiran basura, de todo tiran a los ríos. Una vez que cae una lluvia fuerte y desbordan esas aguas también arrastran ese veneno. Así vamos tratando mal a la tierra, no le agradecemos, no le prestamos atención, no le tenemos cariño. Deberíamos ser como los tibetanos que conviven con la tierra. Ellos no matan ni un bichito, cuidan todo. _¿Es verdad que su relación con las montañas empezó con el Illimani? El Illimani fue mi sueño. La montaña me llamó a mí. Cuando no tenía ni idea de escalar montañas, ni idea de que otras personas lo hacían, cuando me llamó le dije sí, puedo convertirme en un escalador y llegar a esos lugares donde no llega la gente y lo he ido haciendo, poco a poco. La he escalado 169 veces hasta la cima y también muchas veces el Sajama, Huayna Potosí, Chachacumani, un montón de montañas en Bolivia y después en Latinoamérica, entre ellas El Aconcagua. He logrado subir a las siete cumbres más altas de cada continente, entre ellas El Himalaya, El Everest y el 9 de enero de 2020 el macizo Vinson en La Antártida. Con todas estas experiencias me siento pues parte de las montañas, por eso es que tengo que luchar por ellas. Ese fue un compromiso que hice cuando escalé el Everest. “Quiero volver con vida y lucharé por las montañas y por el medio ambiente”. Creo que ya he escalado suficientes montañas y puedo decir basta, suficiente, ahora quiero luchar por el medioambiente. _Escaló el Vinson en La Antártida con 67 años ¿Qué lo animó a asumir esa aventura ? Era la que me faltaba para lograr la cima de las siete cumbres más altas de cada continente. Tuve la suerte de que todavía se podía viajar, ahora ya no se puede por la pandemia. No había otra, tenía que ir sí o sí. Estaba recién operado, pero no lo quise suspender, porque además ya estaba pagado y no me iban a devolver la plata. Además, no iba a poder volver a participar otra vez en una expedición así, porque no es fácil llegar allá. Había un montón de obstáculos por delante, pero sentía que tenía que hacerlo. Tuve que vender el bus y dos autos 4x4 de mi agencia de turismo y me hice de un montón de deudas. Fui solo, porque cuesta mucho dinero, cada día cuesta más de $us 3.000 ¿Quién puede pagar esa cantidad? Creo que fui el turista más caro de Bolivia (risas). Lo hice por mí, por Bolivia y demostrar que con corazón se puede lograr algo y no fracasar por falta de plata. _¿Será su última gran montaña por escalar? Hay todavía bastante para escalar en las montañas, pero los Yatiris, a través de la coca, ya me han dicho “Bernardo, cálmate, hasta ahí llegaste”. Prefiero obedecer, porque ellos conocen mucho de la naturaleza y les voy hacer caso. Iré un poco a la montaña sin llevar clientes para que escalen, que ha sido mi trabajo. Mis rodillas debería estar hecha trizas, he exagerado con mi cuerpo. _¿Alguna vez pensó que no iba a poder volver con vida? Muchas veces, pero creo en la naturaleza, como también creo que en Dios. Abajo practico las celebraciones rituales al estilo andino, costumbre de nuestros antepasados y escalando, más arriba me acerco a Dios y en cada momento estoy pensando de que no me abandone Dios. He conocido muchos colegas que no volvieron. Hay un montón y entonces uno debe sentirse agradecido por la suerte de estar vivo y poder contarlo. Es por eso que respeto mucho a la montaña, no tengo malas intenciones con ella. La montaña habla, te entiende, hay que hablarle. Mucha gente no lo cree, pero es así. Hasta se expresa a través de las piedras. Nuestros antepasados tenían razón, porque decían que eran personajes que se hablaban con ellos. Por el país. Como en cada una de las cimas importantes que ha conquistado, Guarachi hace lucir la bandera boliviana. Aquí, luego de llegar a la cumbre del macizo Vinson Logro. El montañista delante de su último gran reto, La ascensión del Vinson y lograr las “Siete cumbres” en enero de 2020.
Sin embargo, Guarachi ha decidido encarar un nuevo reto, quizás la más empinada de sus empresas y que es tratar de ayudar a combatir el descongelamiento de los glaciares de los andes bolivianos.
Toda montaña tiene, lo que se llama lengua de glaciar (Es una gran masa de hielo que desciende por la ladera de la montaña y forma como un río que cae lentamente hacia su parte terminal) que es la masa más gruesa en espesor de hielo y todas esas lenguas en las montañas se han vaciado, ya esas partes no tienen grosor, su espesor es delgadísimo. El pobre Illimani está triste, el Huayna Potosí lo mismo y el Charquini se está vaciando. Por ejemplo, el Chacaltaya era un hermoso nevado donde mucha gente, incluso esquiaba. Era un glaciar con grietas, cornisas y ahora es puro piedra y roca. Es triste ver las montañas así.