El pliego reivindicativo de los bloqueos de ruta iniciado la segunda semana de octubre puede resumirse en tres demandas: subordinación general al jefe del MAS, fuego forestal ilimitado y garantías plenas de impunidad. Los cimientos del asalto frontal que ejecutan los grupos alineados con Morales Ayma para precipitar la caída del gobierno y amparados por su permisividad, cambian de justificación con flexibilidad tornasolada, unas veces como protesta por la incapacidad de resolver problemas económicos, otras como reivindicación de derechos electorales o, por último, la que mejor convenga según las circunstancias. Lo que permanece en cualquier situación es que el ritual del río de los bloqueos es un ceremonial que se nos impone, con violencia en ascenso, como tributo de sojuzgamiento al régimen entronizado en 2006 y que hoy busca imponer la normalidad y de sentido común la resignación ante el abuso como sustancia del poder. Muy lejos de lo que creen, o fingen creer, quienes afirman de tal concepción sería una excepcionalidad nacional o, peor aún, una inclinación regional, enfrentamos en realidad una atávica tendencia humana, que ha cobrado en estos años una capacidad de arrastre global de la que muy pocos se eximen. Ya sea en la mayor potencia militar del planeta, en los regímenes teocráticos del Asia, en la más clásica Europa occidental, en dictaduras o en regímenes nacional populares, campea hoy adonde dirijamos la mirada. Claro que la generalización de un mal no excusa la debilidad y la estupidez que lo soporta y alimenta. La agresión descontrolada contra la naturaleza, que ya ha consumido unas 11 millones de hectáreas, de ellas unas 7 de bosques, como parte de la ampliación del mercado de tierras, trata de forzar la abrogación de la débil e impostada tregua ambiental, decretada con hipocresía sólo para salvar las formas, exigiendo que se permita seguir quemando “para producir alimentos”, como siempre ha pretextado el expresidente Morales, desde que empezó a aprobar leyes y decretos incendiarios, mantenidos hasta hoy desde el nuevo palacio gubernamental y sus ministerios.