Juicios clásicos ante un jurado. Dos figuras políticas poderosas, Donald Trump y Hunter Biden, han sido halladas culpables de delitos menores, pero delitos al fin. Trump compró el silencio de una actriz porno, mientras que Biden ocultó su drogodependencia al comprar un arma. Es probable que intereses políticos hayan influido en que ambos comparecieran ante un jurado, pero es encomiable que la justicia haya resuelto sus casos de manera independiente y respetando el debido proceso.
Juicios sumarios por TikTok. En nuestras latitudes, la justicia no inspira confianza para presentar una denuncia, pero ¿quién la necesita cuando el video se está convirtiendo en prueba contundente y la audiencia masiva en un jurado implacable? Por ello, algunas denuncias se canalizan a través de figuras políticas que usan TikTok para revelar delitos flagrantes de funcionarios públicos o condiciones insalubres en establecimientos privados. No solo descubren a operarios con las manos en la masa, sino que también ponen en aprietos a sus superiores o autoridades competentes en el asunto.
¿Y la justicia para cuándo? Estos videos aportan suficiente evidencia de irregularidades, aunque los supuestos infractores no hayan tenido la oportunidad de defenderse jurídicamente. Lo grave es que no se están tomando cartas en el asunto para procesar a los responsables y juzgarlos como es debido. Sin este necesario epílogo, las denuncias recurrentes solo confirmarán que la corrupción y la falta de transparencia son un modus operandi incrustado en la institucionalidad pública.