Hay chubascos, oscuros nubarrones y una amenaza de tormenta. Bolivia parece encaminarse hacia un torbellino político, sumado a una escalada de conflictos que más tienen que ver con la situación económica que vive el país. La semana comenzó con bloqueos, aunque con menor contundencia que la que se anticipaba. El transporte pesado inició su protesta anunciada con una lista de varias demandas y sin respuesta plena de parte del Gobierno. El perjuicio es elevado y tiene que ver con pérdidas para exportadores y pasajeros, así como con el estrés social y la incertidumbre.
YPFB admite que hay una irregular distribución de diésel por los bloqueos. Y a ello se suma la falta de gas licuado de petróleo en garrafas, lo que hace que los consumidores hagan filas para conseguirlas. El Gobierno explica que hay una sobredemanda por invierno. En lo que hay que coincidir es en que el problema existe y necesita solución.
Se anticipaba un mes de junio turbulento y las amenazas aún no fueron conjuradas. Al Gobierno se le acaba el tiempo para dar atención a las demandas, antes de que comiencen las protestas de los gremiales y de los evistas. El peor escenario es que el conflicto escale y los pedidos se fusionen haciendo más compleja la salida. Ahí cabe la sugerencia del vocero presidencial: corresponde escuchar al pueblo antes que negar lo que está pasando en realidad. Es un momento muy complejo y de lo que decidan los gobernantes dependerá la certidumbre y el bienestar de los bolivianos.