Javier Milei calificó de “corrupta” a la esposa del presidente español, Pedro Sánchez. En respuesta, Sánchez convocó a consulta a su embajadora en Buenos Aires, una acción diplomática que refleja un descontento significativo entre dos naciones. Esta medida suele reservarse para asuntos de gran relevancia, como actos hostiles, violaciones de derechos humanos, interferencia en asuntos internos, ruptura de acuerdos internacionales, espionaje o conflictos comerciales. ¿Justifica la diatriba de Milei esta reacción diplomática de España?
Para un congresista opositor en España, la respuesta es no. Argumenta que la diplomacia debe ser una cuestión de Estado, no de gobiernos ni de individuos. “Usted no es el rey y su señora no es una institución del Estado”, le espetó el congresista a Sánchez. Además, acusó al gobierno español de presionar a empresas españolas con intereses en Argentina para que se pronunciaran contra las declaraciones de Milei, sugiriendo que estas acciones dañan al pueblo argentino más que a su gobierno, siguiendo un “manual” de gobiernos izquierdistas que desean perjudicar a Argentina.
Con su característica franqueza y locuacidad, es probable que Milei continúe generando controversias en países no liberales, y no sorprendería que otros gobiernos convoquen a sus embajadores. Si bien sus polémicas declaraciones pueden percibirse como una intromisión en la soberanía de otros países, enemistarse con Argentina y perjudicar los intereses nacionales por un asunto personal no es recomendable. Hay que poner los acontecimientos en la perspectiva correcta y evitar que el ego afecte las relaciones diplomáticas.