El deporte es pasión de multitudes, siempre y cuando tenga un atractivo, un algo que atrape a los fanáticos: puede ser una gran rivalidad (un clásico), o competitividad entre todos los equipos, o el talento de un jugadorazo; a veces sólo basta con el prestigio de un torneo para engancharse. Al menos uno de esos elementos tiene el fútbol europeo, el tenis, la Fórmula 1 (aunque Verstappen la haya vuelto aburrida), el fútbol femenino o la NBA. Bajo esos criterios, hay que hacer un esfuerzo para no perder el interés en el fútbol profesional boliviano, porque resulta difícil pillarle ese algo. Primero cambiaron el nombre: de Liga a División Profesional (impresionante). Luego aumentaron el número de equipos, pero la historia no cambia: Bolívar o The Strongest (o algún otro, de chiripazo) salen campeones una y otra vez. Los equipos cruceños ya olvidaron cómo se siente aumentar una estrella a su escudo. Hay que tomar un curso para entender el sistema de campeonato: tiene una tabla general, una por grupos y una de promedios. Entiendo que esta última indica que –entre los cruceños– sólo Real Santa Cruz obtiene premio consuelo esta temporada. Los demás, a cuidarse del descenso. Ah, pero un momentito: ¿Qué tal si se eliminan los descensos? (así se salvan los grandes) Es algo que ya discuten los clubes. También discuten si la División debe seguir con 17 equipos (impar ¿?) o aumentar a 18 o reducir a 12. ¡Mucha seriedad! Y la economía de clubes es otra lágrima: los equipos ricos se vuelven más ricos y los equipos pobres se vuelven más pobres. A pesar de todo, sigo enganchado. Pasión inútil, como diría un columnista nuestro.