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Cara a cara

Jueves, 25 de mayo de 2023 a las 20:00

Los feminicidios horrorizan a la sociedad como ningún otro crimen, y no es para menos. Que un hombre agarre un hacha y termine con la vida de su pareja es una salvajada abominable. Pero también hay otro hecho perturbador al que quizás la sociedad no le presta la debida atención, y es el impacto que esos horrorosos crímenes tienen en los hijos pequeños que han presenciado el ataque fatal a su propia madre.

El cuidado de esos niños suele quedar en manos de la Defensoría de la Niñez, hasta que aparece algún abuelo o algún tío para asumir la tutela. Y ahí acaba la cosa. Lo más probable es que nadie se hará cargo de brindarles apoyo psicológico y mucho amor para ayudarlos a superar un trauma que puede durar toda la vida.

En el mundo hay ejemplos de cómo los niños que presenciaron horrores similares han salido adelante o están en proceso de hacerlo. El consagrado tenista Andy Murray, por ejemplo, cuando tenía 9 años, sobrevivió una masacre en su escuela en la que murieron 17 personas, justo en momentos cuando sus padres se divorciaban. Quizás el tenis le sirvió de refugio ante semejante adversidad. Y en Texas, los niños de la escuela de Uvalde, que hace un año sobrevivieron una masacre similar, continúan recibiendo apoyo de toda su comunidad, no sólo de una defensoría. Todos ellos entienden que este tipo de traumas no se curan con una curita, sino con un dedicado trabajo voluntario. Pasa más por un tema de solidaridad que de recursos. Ojalá que nuestra sociedad pueda brindar el apoyo emocional necesario a tantos niños bolivianos que han padecido lo indecible.

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