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35 años de la Convención sobre los Derechos del Niño

Sabado, 30 de noviembre de 2024 a las 23:00

Por Redacción

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Katya Marino

Escuchemos el futuro de la niñez. Hagamos de Bolivia un lugar donde cada niña y niño tenga la oportunidad de florecer, sin importar dónde nazcan o crezcan.

Imaginen por un momento a una niña o un niño naciendo hoy en Bolivia. Sus primeros pasos, sus sueños y su capacidad para alcanzar su potencial dependen de lo que hagamos por ellos ahora. Ellos no tienen voz en las decisiones que los afectan, pero sienten, esperan y confían en que los adultos de su entorno –y quienes toman las grandes decisiones– harán lo necesario para garantizarles una vida plena y digna.

Ahora, reflexionemos: ¿qué habría sucedido si no existiera la Convención sobre los Derechos del Niño?
En un mundo sin este tratado, millones de niños seguirían creciendo invisibles para las políticas públicas, sin acceso a servicios de salud o educación. La mortalidad infantil no habría disminuido drásticamente (más del 60%), y muchos niños y niñas no tendrían un nombre, una identidad legal, ni protección contra la violencia y la explotación. Las desigualdades que enfrentan niñas y niños en comunidades indígenas y rurales, en situaciones de pobreza o exclusión, seguirían siendo ignoradas.

Hace tres décadas, Bolivia presentaba datos alarmantes sobre la situación de la niñez: uno de cada diez niños moría antes de cumplir su primer año de vida; la mitad de los estudiantes que iniciaba la primaria la abandonaba antes de concluirla, y no existían entes dedicados exclusivamente a proteger la niñez.

El pasado 20 de noviembre se celebró el Día Mundial de la Infancia, y también se conmemoró los 35 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado que cambió la manera en que el mundo entiende la niñez. Por primera vez, las niñas y niños fueron reconocidos como titulares de derechos propios, no como objetos de cuidado, sino como personas con voz y necesidades que deben ser protegidas y promovidas.

En Bolivia, en estos 35 años y gracias al compromiso del Estado y sus aliados, hemos visto avances que antes parecían imposibles y se han alcanzado grandes hitos, por ejemplo, reducir la mortalidad infantil a una muerte por cada 35 niños, y casi el 100% de las niñas y niños que inician la primaria, la concluyen.  Por otro lado, se crearon sistemas de protección en el nivel municipal como la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, y se promulgó el Código Niña, Niño y Adolescente, que ha establecido un marco normativo sólido que refuerza sus derechos. Diversos programas sociales, junto a los bonos condicionados han mejorado la calidad de vida de millones de niñas y niños.

Sin embargo, el trabajo no está terminado. Todavía hay niñas y niños más vulnerables, que no tienen acceso a servicios esenciales, que enfrentan violencia o que ven truncadas sus oportunidades por la pobreza y la desigualdad.

Hoy hacemos un llamado urgente a las autoridades y a los tomadores de decisión. En un momento en que Bolivia enfrenta desafíos económicos y sociales, es fundamental que la niñez sea una prioridad en la agenda pública. Las niñas y los niños no votan, pero sus derechos no pueden quedar fuera de las decisiones políticas. De cara a las próximas elecciones, instamos a los candidatos y futuros líderes a comprometerse con la niñez. Proteger sus derechos no solo es un mandato moral y legal, sino una inversión en el futuro del país.

El tiempo para actuar es ahora. Un país que prioriza a su niñez construye una sociedad más justa y próspera para todos.

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