Durante el último año, endeudarse en Bolivia dejó de ser una opción accesible para gran parte de la población, sobre todo para quienes no cuentan con un empleo formal y sus ingresos son relativamente bajos, según la calificación de los bancos o cooperativas del sistema.
EL DEBER realizó un recorrido por algunas entidades financieras en el centro citadino de Santa Cruz, y comprobó que los intereses para créditos no regulados se elevaron y, además, los requisitos se “endurecieron”.
Por ejemplo, en un banco dedicado a los microcréditos, la tasa de interés anual para un préstamo de consumo se encuentra en un 25% y un crédito vehicular 14%. En otro banco cercano a la Plaza 24 de Septiembre, un crédito de entre Bs 7.000 y 21.000, la tasa es de 22,9% el primer año y a partir del segundo año, 20% más la Tasa de Referencia (TRE).
En una cooperativa de ahorro y crédito, la tasa para un préstamo de consumo es del 19%, pero el solicitante debe contar con casa propia. “No damos crédito a empleados que no tengan boleta de pago y si es contrato de servicios, el plazo para pagar el préstamo es por el tiempo que dure el contrato”, explicó una ejecutiva de la entidad.
En efecto, según datos ofrecidos por el Banco Central de Bolivia (BCB) en el sector Tasas de Interés, los créditos no regulados se encarecieron de forma sostenida, al punto de que hoy cuestan en promedio entre 3 y 3,5 puntos porcentuales más que en enero de 2025. Es decir, que la tasa efectiva anual de los créditos para este segmento pasó —en promedio— de aproximadamente 18,5% en enero de 2025 a cerca de 21,8% en enero de 2026.
En términos simples, un préstamo que hace un año cobraba Bs 185 de interés por cada Bs 1.000 prestados, hoy exige cerca de Bs 218. Esa diferencia, aparentemente pequeña, se vuelve pesada cuando se acumula mes a mes en las cuotas.
En algunos segmentos, como el microcrédito otorgado por cooperativas e instituciones financieras de desarrollo (IFD), el aumento incluso supera ese rango. De acuerdo con los datos, el ajuste se concentró en el crédito de consumo, microcrédito y parte del segmento PYME, que es el más utilizado por la clase media, pequeños emprendedores y trabajadores independientes.
Sin embargo, este aumento no fue uniforme ni generalizado en todo el sistema financiero. Los créditos regulados, como la vivienda social y los productivos, se mantuvieron prácticamente estables debido a los techos fijados por norma.
EL DEBER solicitó las versiones de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) y de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), pero hasta el cierre de la presente nota, no se pudo obtener respuestas.
“Reprecificando” el riesgo
Para el analista económico Juan Fernando Subirana, el fenómeno no responde a una decisión arbitraria del sistema financiero, sino a un deterioro del entorno macroeconómico. “El encarecimiento de los créditos no regulados responde a un aumento estructural del riesgo financiero y a un deterioro del entorno macroeconómico”, señaló.
Entre las principales causas identificó la escasez de dólares, la crisis de liquidez, el mayor riesgo crediticio, el aumento de costos operativos y el mayor costo de fondeo para las entidades financieras. “La banca está reprecificando el riesgo, no especulando. El aumento de tasas refleja un entorno más riesgoso”, resumió.
Subirana explicó que los créditos regulados —vivienda social con tasas entre 5,5% y 6,5%, productivo en torno al 6%— se mantienen estables por mandato legal. En cambio, los no regulados pasaron de rangos de 12%–16% a niveles que hoy oscilan entre 18% y más de 30%, dependiendo del riesgo del cliente, el plazo y las garantías.
Por su parte, el economista Mauricio Ríos sostuvo que el crédito no regulado se convirtió en el “amortiguador” de un sistema tensionado por decisiones de política económica. “El encarecimiento de los créditos no regulados no es una anomalía ni una conspiración bancaria: es una reacción defensiva ante un entorno crecientemente hostil para el ahorro”, afirmó.
Ríos advirtió que forzar tasas bajas y promover diferimientos reiterados termina afectando al verdadero corazón del sistema: los depósitos del público. “Los bancos no prestan recursos propios; prestan el dinero de personas que confiaron sus ahorros al sistema”, resaltó.
Desde esa lógica, encarecer el crédito hasta donde la regulación lo permita es, para la banca, la única forma de proteger al ahorrista frente a un riesgo sistémico creciente. “Las tasas no suben porque el sistema sea insensible; suben porque el ahorro exige protección”, enfatizó.
Selectividad y plazos
El endurecimiento de los créditos no se expresa solo en tasas más altas, sino también en mayor selectividad y reducción de plazos, una tendencia que se siente en la búsqueda de financiamiento.
Subirana confirmó que hoy los bancos exigen más: estados financieros formales, flujos de caja claros, garantías reales e historial crediticio limpio. “La banca actúa de forma defensiva para proteger su solvencia, pero esto enfría la economía real”, sostuvo.
Para el especialista financiero Rodrigo Regalsky, la reducción de plazos es una estrategia clave para cuidar liquidez sin violar formalmente los techos de tasas. “Si antes un préstamo se ofrecía a diez años, hoy el mismo banco lo limita a cinco o siete. Así recupera su dinero más rápido y baja su exposición”, subrayó.
El impacto no es menor: con plazos más cortos, las cuotas suben, muchos clientes dejan de calificar y sectores como la construcción, el inmobiliario o el automotriz pierden dinamismo.
Regalsky añadió otro factor: la competencia del Estado por la liquidez. En 2025, el Tesoro comenzó a ofrecer bonos con tasas atractivas, lo que llevó a los bancos a destinar parte de su dinero a esos papeles, más seguros y rentables que prestar a personas o pequeñas empresas.
“No hubo una orden directa, pero sí una combinación de factores que empujó a los bancos a encarecer los créditos no regulados para cuidar su margen y su liquidez”, agregó.
Sistema defensivo
Los tres analistas consultados por EL DEBER coincidieron en que no se trata de una crisis bancaria, pero sí de un sistema que opera en modo defensivo. Menos crédito nuevo, mayor cautela, más exigencias y un costo financiero más alto para quienes quedan fuera de la protección regulatoria.
“El problema no es la banca, el problema es el entorno macroeconómico deteriorado”, resumió Subirana, mientras Ríos fue más allá al manifestar que “la discusión no es si el crédito es caro o barato, sino si el ahorro está siendo respetado”.
“Reducir plazos no es un artilugio; es una medida de supervivencia”, agregó Ríos, al explicar que cuando los depósitos son mayoritariamente de corto plazo y los créditos se extienden por décadas, el descalce se vuelve peligroso, especialmente en un entorno de diferimientos forzados y alta incertidumbre.
Regalsky precisó que al acortar plazos, las entidades recuperan liquidez más rápido, pero trasladan el costo al cliente. Un crédito que antes se pagaba cómodamente en diez años hoy debe cancelarse en cinco o siete, elevando de inmediato la cuota mensual.
Para la clase media urbana, este cambio es decisivo. Muchas familias aún califican por ingreso, pero no por cuota. El resultado es que el crédito sigue existiendo, pero deja de ser accesible.
Los sectores más afectados son los que dependen del financiamiento de largo plazo: vivienda, construcción y automotriz. “Los bancos ganan tiempo, pero los sectores que mueven la economía pierden oxígeno”, acotó el especialista.
Reflexionó que todo ello genera desconfianza porque los depósitos crecen menos y los bancos se vuelven conservadores. “Y cuando el dinero no circula, el país se mueve más lento”, agregó.
Gestión 2025: entre el dinamismo empresarial y el reto de la vivienda social
Según el más reciente Análisis del sector Asoban 2025, la banca ha mantenido una “evolución positiva, aunque con ciertos desafíos”, consolidándose como el pilar fundamental para la protección del ahorro y el impulso del crédito en el país.
A octubre de 2025, la cartera del sistema bancario alcanzó la cifra de $us 29.973 millones, lo que representa un crecimiento interanual del 3,6%. Si bien esto supone un incremento absoluto de $us 1.031 millones, el reporte advierte una desaceleración en el ritmo de expansión respecto a gestiones pasadas, reflejando un “contexto económico más moderado”.
El gran protagonista de este periodo ha sido el crédito empresarial, que se disparó un 12,6%. Este dinamismo responde directamente a la modificación de los topes de tasas de interés, permitiendo que las nuevas colocaciones reflejen de mejor manera el “riesgo real de las operaciones”.
Por sectores, la industria se ratifica como el motor principal, aportando el 60% del crecimiento total de la cartera.
En la otra cara de la moneda, el sector inmobiliario enfrenta dificultades. Las operaciones de crédito hipotecario retrocedieron un 2,4%, con una caída más pronunciada en la vivienda de interés social (-4,4%).
Asoban atribuye este fenómeno a las tasas fijas (entre 5,5% y 6,5%) que “no cubren el riesgo inherente a operaciones de largo plazo”, limitando el fondeo para este segmento.
Robustez del sistema
- Índice de mora. En 2025 se ubicó en un saludable 3,0%, tras una disminución del 7,9% en la cartera morosa.
- Solvencia. El patrimonio bancario creció un 12,2%, alcanzando los $us 3.409 millones.
- Rentabilidad. Las utilidades sumaron $us 365 millones, permitiendo un ROE del 13,6% para los bancos múltiples.
- Digitalización. El QR Simple representó el 89% del total de transferencias.
Cifras del tema
55%
De los créditos en el sistema financiero son regulados, especialmente para vivienda social y créditos productivos
45%
Del total del crédito se dirigen a consumo, microcrédito, PYME no productivo e hipotecarios fuera del programa social