Bolivia ha dado un nuevo paso en el uso de biotecnología agrícola con la autorización del evento HB4 para la producción de soya, una tecnología que promete mejorar la tolerancia del cultivo frente a periodos de sequía y aumentar la competitividad del sector productivo.
El ingeniero agrónomo e investigador Marín Condori, entrevistado en el programa Influyentes del Grupo EL DEBER, explicó que el país recién incorpora su segundo evento biotecnológico en más de dos décadas, luego de la aprobación de la soya resistente al glifosato en 2005.
“Después de aproximadamente 20 años se libera el segundo evento. Es la tecnología HB4, que permite a la soya tolerar mejor la sequía”, señaló el especialista durante la entrevista.
La incorporación de esta herramienta tecnológica llega en un contexto marcado por cambios climáticos cada vez más severos, con periodos prolongados sin lluvias que afectan los rendimientos agrícolas.
Qué es la biotecnología agrícola
La biotecnología aplicada a la agricultura consiste en el uso de herramientas científicas para mejorar las características de los cultivos, permitiendo que sean más resistentes a plagas, herbicidas o condiciones climáticas adversas.
En el caso del evento HB4, se trata de un gen extraído del girasol que fue incorporado a la soya mediante ingeniería genética.
Según Condori, esta modificación permite que el cultivo tolere mejor los periodos de sequía, uno de los principales factores que afectan la producción agrícola en Bolivia.
“En verano podemos tener entre ocho y 25 días sin lluvia y muchos cultivos se marchitan o se pierden. Con esta tecnología la soya puede aguantar mucho más tiempo en condiciones de sequía”, explicó.
Además, el evento HB4 también incorpora resistencia a un herbicida llamado glufosinato de amonio, que permite controlar malezas que no responden a otros productos utilizados en la agricultura.
Bolivia frente a los productores de la región
Uno de los argumentos centrales de los especialistas a favor del uso de biotecnología es la competitividad internacional.
Durante los últimos años, países vecinos como Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay han incorporado múltiples eventos biotecnológicos en sus cultivos, lo que ha permitido mejorar sus rendimientos y expandir su producción agrícola.
Según Condori, el contraste es evidente.
“Paraguay en los años 2000 producía menos que Bolivia, pero con políticas públicas que impulsaron la tecnología hoy tiene cerca de 30 eventos aprobados y ha superado al país en el ranking de producción”, afirmó.
El retraso tecnológico tiene implicaciones importantes para Bolivia, especialmente si se considera que el país enfrenta costos logísticos más altos debido a su condición mediterránea y la distancia a los puertos de exportación.
“Si nuestros costos logísticos son mayores, entonces sí o sí necesitamos herramientas tecnológicas para ser competitivos”, agregó el investigador.
Biotecnología más allá de la soya
Aunque el debate se ha concentrado principalmente en la soya, los especialistas consideran que la biotecnología podría aplicarse también en otros cultivos estratégicos.
En el sistema agrícola del oriente boliviano, la rotación de cultivos incluye maíz, trigo, girasol, sorgo y soya, además de productos como arroz, sésamo o chía.
La incorporación de innovación tecnológica en estos cultivos podría mejorar los rendimientos, fortalecer la seguridad alimentaria y ampliar la capacidad exportadora del país.
“Para que la agricultura sea sostenible en el tiempo necesitamos tecnología, manejo adecuado de suelos y rotación de cultivos. Todo forma parte de un sistema productivo”, explicó Condori.
Ciencia, política y debate público
El uso de biotecnología suele generar debates políticos y sociales relacionados con la salud o el impacto ambiental.
Sin embargo, el investigador sostiene que ninguna tecnología está libre de riesgos, pero que el avance científico ha permitido resolver muchos de los problemas que enfrenta la humanidad.
“No existe tecnología con riesgo cero. Lo importante es minimizar esos riesgos y encontrar soluciones a los problemas que vivimos hoy”, afirmó.
Condori recordó que muchos avances científicos han tenido aplicaciones inesperadas a lo largo de la historia. Incluso citó el caso de investigaciones químicas que inicialmente fueron desarrolladas para otros usos y que posteriormente dieron origen a avances médicos que salvaron millones de vidas.
En su criterio, el desafío para Bolivia es invertir en ciencia, educación y desarrollo tecnológico, de modo que el país deje de depender únicamente del conocimiento generado en el exterior.
El potencial productivo del oriente boliviano
El desarrollo tecnológico cobra especial importancia en regiones como Santa Cruz y Beni, que concentran gran parte del potencial agroproductivo del país.
Actualmente, Santa Cruz es el principal motor de la producción agrícola nacional, mientras que el Beni comienza a consolidarse como una región con capacidad para expandir cultivos como el arroz y eventualmente la soya.
Para los especialistas, la combinación de tecnología, infraestructura logística, manejo de suelos y políticas públicas adecuadas podría permitir a Bolivia mejorar sus rendimientos agrícolas y consolidar su papel como proveedor de alimentos.
“Tenemos el potencial. Pero para desarrollarnos necesitamos tecnología, conocimiento y condiciones adecuadas para producir”, concluyó Condori.