Bolivia celebró el jueves su primera medalla de oro en los Juegos Bolivarianos de Lima y Ayacucho gracias a la sobresaliente actuación de la atleta Valeria Quispe, quien conquistó la prueba de salto triple con una marca de 13,48 metros.
El Estadio Atlético de la Villa Deportiva Nacional fue escenario de un logro que no solo suma al medallero nacional, sino que también refleja la perseverancia de una deportista que compite sin becas y que combina su carrera deportiva con su trabajo como profesora de Educación Física.
Quispe, de 28 años, llegó con la ilusión de pelear una medalla, pero reconoció que no imaginaba que la presea sería dorada. “Yo sí venía con el plan de buscar una medalla, pero no imaginaba que iba a ser una de oro”, expresó emocionada tras la competencia. Su registro quedó a solo dos centímetros del récord nacional de 13,50 metros, una marca que incluso pudo superar en algunos de sus intentos nulos. “Muy feliz por mi marca, por la medalla y por todo el sacrificio que viene detrás”, dijo.
La atleta contó que su principal rival era la ecuatoriana Adriana Chila, quien llegaba con un rendimiento estable durante toda la temporada. El quinto salto fue decisivo para la boliviana, que logró los 13,48 metros que finalmente la coronaron campeona. Aun así, vivió momentos de tensión: “Ella todavía tenía un salto más… se siente muchos nervios porque podía haber saltado mejor, pero no se dieron las cosas y yo pude ganar la prueba”.
Más allá de lo deportivo, Quispe reveló la dimensión emocional del logro. Sin recibir apoyo económico ni becas, sostuvo su preparación gracias a su trabajo en un colegio, donde sus estudiantes y padres le expresaron su cariño y motivación antes del viaje. “Tengo un grupo de papás superemocionados. Mis estudiantes me regalaban cartitas deseándome lo mejor. Eso me motiva mucho”, contó visiblemente conmovida.
Entre entrenamientos sin la presencia constante de su entrenador y un aumento de horas laborales durante el año, la atleta reconoció que la coordinación de ambas responsabilidades fue un desafío. “Mi prueba es técnica, y es complicado entrenar sola, pero cuando uno quiere y se traza un objetivo, todo es posible”, aseguró.
Quispe también agradeció el apoyo de la institución donde trabaja, resaltando que siempre le dieron permisos y nunca le pusieron trabas para competir internacionalmente. Su mirada ahora está puesta en los próximos retos: los Juegos Odesur y otros campeonatos del calendario 2025.
“Mi sueño es seguir trabajando. Primero, a Dios… sin Él nada hubiera sido posible”, finalizó, dedicando el oro a su familia, a su entrenador, a sus alumnos y a sus amigos.