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Opinión: El amateurismo dirigencial en el fútbol boliviano

Lunes, 09 de marzo de 2026 a las 08:18

Las decisiones apresuradas de la dirigencia reabren el debate sobre la falta de planificación y profesionalización en la gestión deportiva.

En Bolivia, la vida promedio de un director técnico apenas supera los tres meses. Una cifra que expone con claridad una cultura dirigencial marcada por la reacción inmediata y las decisiones tomadas en caliente, mucho más que por la reflexión, el análisis o la planificación a mediano plazo. En ese contexto, los clubes potosinos Nacional Potosí y Real Potosí no escapan a esta lógica repetida en el fútbol nacional.

Los procesos, en muchos casos, ni siquiera alcanzan a comenzar realmente. Apenas unos cuantos partidos bastan para cortar de raíz proyectos que, como cualquier otro en el fútbol moderno, necesitan tiempo para asentarse, consolidarse y mostrar resultados. Sin embargo, la paciencia parece ser un recurso escaso en el dirigencialismo boliviano.

Leo Égüez y Clebinson Ferreira ya no forman parte de la conducción técnica de sus respectivos equipos. Según la evaluación de sus presidentes, los entrenadores no convencieron tras las recientes eliminaciones: uno en la Copa Sudamericana y el otro en la Copa de Verano 2026 que se disputa en el país.

Bajo este escenario, surge una pregunta inevitable para los clubes potosinos: ¿sus dirigentes, Wilfredo Condori en Nacional Potosí y Freddy Marca en Real Potosí, son plenamente conscientes de que el fútbol moderno exige actualización permanente y la incorporación de profesionales capacitados en diferentes áreas de la gestión deportiva?

En Bolivia existe una percepción cada vez más extendida de que muchos dirigentes actuales poseen escaso conocimiento del fútbol en comparación con otras épocas. No se trata solamente de administrar recursos o tomar decisiones coyunturales, sino de entender que el fútbol se ha convertido en una industria que requiere planificación, gestión especializada y una estructura profesional en todas sus áreas.

Esta crítica apunta a una dirigencia que, en numerosos casos, no cuenta con formación en gestión deportiva ni con una visión estratégica del desarrollo institucional. Esa carencia termina reflejándose en decisiones apresuradas que, lejos de construir procesos, profundizan la inestabilidad. Aunque, como en toda generalización, existen excepciones de dirigentes que sí manejan sus instituciones con equilibrio, visión y proyecto.

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