Por: Asier Ventura
En un Madison Square Garden completamente lleno y vibrante, Islam Makhachev escribió una nueva página en su historia: derrotó a Jack Della Maddalena en el quinto asalto y logró, por primera vez, un cinturón en una segunda división. Su estrategia fue perfecta: supo imponer su lucha con derribos constantes, control en el suelo y desgaste inteligente. Con esa victoria, Makhachev no solo pulverizó el reinado welter de Della Maddalena, sino que además demostró que su dominio no se limita al peso ligero.
La ambición del daguestaní va más allá de esa hazaña: desde antes del combate ya advertía que si conseguía el cinturón welter estaba listo para cualquier reto. Su victoria en Nueva York podría abrirle las puertas a peleas de máximo calibre, consolidando un reinado que aspira a trascender.
En la coestelar, Valentina Shevchenko ofreció una actuación magistral para defender su título mosca frente a Zhang Weili. A lo largo de los cinco asaltos, controló cada intercambio con patadas al cuerpo, puños precisos y una transición fluida al piso para someter a su oponente con grappling dominante. Todas las tarjetas le dieron un 50-45, un claro reflejo de su superioridad táctica y física.
Esta defensa reafirma a Shevchenko como una figura imbatible en su división: no solo conserva su trono, sino que refuerza la idea de que alguien la tendrá que superar por estilo, aguante y técnica. Para ella, UFC 322 no fue solo otra victoria, sino una manifestación de que su legado se construye no solo con poder, sino con arte marcial total.
La noche en Nueva York, por lo tanto, terminó marcada por dos grandes triunfos: uno escribió una nueva corona para Makhachev, el otro consolidó el imperio de Shevchenko. En el caos y la adrenalina de UFC 322, ellos fueron el centro de la calma y el dominio.