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Guíanos al Mundial 2026, Bigotón

Domingo, 16 de noviembre de 2025 a las 19:28

Xabier Azkargorta fue despedido en Santa Cruz, donde pidió descansar para siempre. Familiares, amigos y glorias del fútbol boliviano acompañaron su adiós en un homenaje lleno de memoria, gratitud y amor por el hombre que llevó a Bolivia a un Mundial por mérito propio por primera vez.

El domingo por la tarde, el país se detuvo para despedir a Xabier Azkargorta, el hombre que cambió la historia del fútbol boliviano. Rodeado de sus seres queridos y de figuras emblemáticas del deporte nacional, el ‘Bigotón’ fue sepultado en la tierra que eligió como su hogar definitivo: Santa Cruz. Allí, donde encontró cariño, respeto y un legado que lo convirtió en leyenda, descansará para siempre.

Mikel y Alejandra, sus hijos, llegaron desde España para acompañarlo en su último viaje. Conmovidos, caminaron entre abrazos y recuerdos sosteniendo una camiseta de la selección boliviana: el símbolo del amor, la entrega y la huella imborrable que su padre dejó en el país que lo adoptó. En ese gesto silencioso se resumía una vida entera dedicada a un sueño compartido.

“Es un momento duro, pero estamos felices por el cariño y el amor que le tiene el país a mi padre. Siempre defendía a Bolivia. Lo echaré de menos”, expresó Mikel con la voz quebrada, mirando al cielo, como si buscara allí la sonrisa eterna del Bigotón. Bolivia, una vez más, le devolvía a su padre el afecto que él sembró con trabajo y corazón.

El funeral también reunió a los protagonistas de la hazaña más grande del fútbol nacional. Juan Manuel Peña estuvo presente en el adiós y recordó a Azkargorta con una emoción que aún le quiebra el habla. Para él, como para toda una generación, el técnico vasco fue mucho más que un entrenador: fue un guía, un maestro, un padre en el deporte.

“Al país le dejó un legado increíble, y a nosotros nos cambió la vida”, dijo Peña, con los ojos húmedos. El eco de esas palabras resonó entre quienes lo escucharon, porque no eran solo suyas: eran las de miles de bolivianos que crecieron, soñaron y vibraron con aquella clasificación histórica a Estados Unidos 1994.

El Bigotón no solo llevó a la Verde a un Mundial; llevó al país entero a creer en lo imposible. Su mirada firme, su voz pausada y su forma apasionada de abrazar a Bolivia construyeron una identidad futbolística que aún late, incluso en sus momentos más difíciles. Su legado no se desvanece: se multiplica en cada niño que sueña con vestirse de verde.

Hoy, en el silencio del cementerio, un sentimiento se repite entre quienes lo despiden: desde el cielo, será él quien guíe nuevamente a la selección. En el repechaje rumbo a 2026, en Estados Unidos —precisamente donde escribió su capítulo más grande—, muchos afirman que el Bigotón volverá a acompañar a la Verde. Esta vez desde el lugar donde descansan los inmortales.

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