Por: Roy Muguertegui
Nacido en La Paz, Diego Vilela cuenta con una trayectoria ligada a instituciones de alto nivel. Formó parte del Atlético de Madrid, donde trabajó como entrenador, captador de talentos y coordinador metodológico. Además, integró el club Bolívar, perteneciente al City Football Group, en el que lideró el Departamento de Optimización Individual.
En el ámbito académico, su preparación incluye el título de Técnico Deportivo Superior en Fútbol (Nivel 3 UEFA Pro – España), un máster en Dirección de Canteras de Fútbol en la Escuela Universitaria del Real Madrid y un máster en Dirección y Gestión de Instalaciones y Entidades Deportivas en la Universidad Católica.
¿Diego cómo es que llegó a Liga de Quito?
Mi llegada a Liga Deportiva Universitaria de Quito se da porque el club estaba buscando un especialista en metodología y desarrollo individual de talentos. Ese rol ya lo había cumplido anteriormente tanto en el Atlético de Madrid como en el City Football Group – Bolívar. Seguramente ese recorrido fue lo que generó un interés en mi perfil.
¿Cuál es la función que cumple en este equipo?
En Liga cumplo el rol de Director de Metodología, con responsabilidad desde las categorías formativas hasta la reserva. Debo garantizar que la formación no dependa de uno u otro entrenador, sino de un mismo sistema de trabajo. Buscamos que el desarrollo del jugador esté sostenido por procesos claros, coherentes y continuos, más allá de los nombres y de los resultados inmediatos. Además, uno de los ejes centrales de mi labor es la formación de entrenadores ecuatorianos, porque entendemos que sin entrenadores bien formados no puede existir un proceso formativo sólido.
¿En qué consiste su trabajo específico?
Mi trabajo consiste en diseñar, implementar y evaluar el modelo formativo del club. Dentro de mi área está todo lo que tiene que ver con el staff deportivo: entrenadores, asistentes y video analistas. Este sistema de trabajo nos ha permitido hacer debutar siete jugadores en Primera División y, como consecuencia del proceso, hoy en día estamos clasificados a la Copa Libertadores Sub-20 (2026) como campeones. No es casualidad, es estructura.
Existe la misma figura entre Ecuador y Bolivia respecto a la geografía. ¿Cómo trabajan los equipos de altura y de la costa allá?
En Ecuador, al igual que en Bolivia, la geografía se debe gestionar. Pero hay algo clave: desde la Sub-13 los jugadores viven experiencias significativas viajando, siendo visitantes, jugando en distintos climas y altitudes. Eso les da una mochila de herramientas muy rica para su desarrollo. Luego, cada club entrena según su ADN y su identidad, no hay una única forma, pero sí una comprensión clara del contexto.
¿Esa misma hermenéutica de Ecuador, se puede repetir en equipos bolivianos?
Sí, totalmente. Bolivia tiene las condiciones para hacerlo. El problema no es la geografía ni el talento, es la falta de estructura y continuidad. Esa lectura del contexto se puede aplicar en clubes bolivianos si hay decisión institucional, formación de entrenadores y planificación real a mediano y largo plazo. No se trata de copiar, sino de adaptar con criterio.
¿Ahora que está en ese país, cuál es la diferencia entre los jugadores ecuatorianos y bolivianos?
No creo que la diferencia esté en el talento. El jugador boliviano es muy talentoso. La principal diferencia está en el contexto de formación y competencia. El futbolista ecuatoriano suele exponerse antes a entornos exigentes, con mayor ritmo competitivo y mejores procesos de transición, lo que acelera su maduración.
¿Si los jugadores de Ecuador son exportables, cuál ha sido su éxito para venderlos?
El éxito de Ecuador pasa por procesos claros y sostenidos en el tiempo. Clubes como nosotros (Liga), Universidad Católica, Independiente del Valle u Orense han desarrollado métodos definidos. A eso se suma el trabajo de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, que compite cada vez mejor a nivel internacional. Hoy me animo a decir que Ecuador es la tercera potencia continental en desarrollo de talento, y eso no es casualidad.
Desde su experiencia adquirida, ¿qué le falta al jugador boliviano para ser exportable?
Yo no pondría el foco en qué le falta al jugador, sino en qué nos falta a nosotros como sistema para darles a esos jóvenes lo que necesitan para ser mejores. Mejor formación, más competencia, mejores contextos y acompañamiento real. El talento está, el desafío es crear el entorno adecuado para que florezca.
¿Le falta ser más profesional al jugador boliviano?
Más que cuestionar al jugador, debemos preguntarnos cómo ayudarlos a ser mejores en las etapas formativas y cómo mejorar sus hábitos desde jóvenes. El ser humano es una persona de hábitos y el fútbol no es la excepción. Tenemos ejemplos muy claros de jugadores bolivianos que, al insertarse en contextos exigentes, dieron un salto enorme y exitoso: Miguel Terceros en Brasil, Gabriel Villamil consolidándose a nivel internacional, Luis Haquin sosteniéndose en el exterior. Eso demuestra que el problema no es el jugador.
¿Por qué cuando sale nuestro futbolista a jugar a otro país, retorna rápido?
Creo que pasa principalmente por la falta de roce internacional previo y por una competitividad nacional que aún puede crecer. Si el jugador no vive antes ese nivel de exigencia, el salto es demasiado grande. Debemos exponer mucho más a los jugadores desde cantera a torneos internacionales y elevar el nivel de competencia local para que lleguen mejor preparados.
¿Consideras que la formación es una de las debilidades de nuestras escuelas y clubes de fútbol en Bolivia?
Sí, creo que ahí tenemos una gran oportunidad de mejora. Durante muchos años se formó desde la intuición y el esfuerzo individual. Hoy la Federación Boliviana está dando pasos importantes para mejorar estructuras, competencias y formación, y eso es muy positivo. El talento boliviano existe, también el potencial de los entrenadores. El desafío es acompañarlo con mejores contextos: formación, competencia, nutrición, psicología y metodología.
Escribiste un libro, ¿de qué se trata?
Mi libro trata sobre cómo mejorar los sistemas de trabajo dentro de los clubes y cómo esa mejora sostenida en el tiempo termina dando resultados. Habla de metodología como decisión estratégica y de la importancia de construir procesos por encima de soluciones rápidas. Hay una frase que define mi visión y atraviesa todo el libro: “Procesos, porque los resultados a veces mienten.” Bolivia no suele escucharse mucho en el fútbol internacional, pero tiene jugadores, entrenadores y sueños que merecen su lugar. Yo quiero aportar y por eso escribí este libro que les puede ser útil a los futboleros en general.