Tras un primer tiempo espeso y contenido, el descanso fue el punto de quiebre. A la vuelta, el Arsenal desplegó una versión arrolladora y devoró al Aston Villa con una autoridad incontestable: cuatro goles entre los minutos 47 y 78 —obra de Gabriel Magalhães, Martín Zubimendi, Leandro Trossard y Gabriel Jesus— para firmar una exhibición de líder (4-1).
A estas alturas del curso, tras 19 partidos, ya no hay dudas: el Arsenal es el gran favorito al título. Ni la persecución a toda velocidad del Manchester City ni la racha con la que llegaba el Villa —trece victorias en catorce jornadas— intimidaron a un equipo que dejó atrás su bache y empieza a tomar inequívoca forma de campeón.
La distancia ya es de seis puntos sobre el Aston Villa, cuyo desplome fue tan sonoro como la satisfacción local. Competitivo e incluso superior por momentos en la primera parte, el equipo de Unai Emery se vino abajo tras un error clave de Emiliano Martínez que abrió la puerta al 1-0.
Todo cambió en el balón parado, una de las grandes armas del Arsenal. En un córner, el guardameta argentino no impuso autoridad en el salto: el balón se le escurrió, rebotó en Gabriel Magalhães y terminó dentro. Hubo protesta y revisión del VAR, pero el gol fue validado. Minuto 47 y cinco segundos. A partir de ahí, el partido se rompió.
Apenas cuatro minutos y 45 segundos después llegó el 2-0, con la primera gran aparición de Martin Ødegaard en el encuentro: pase profundo, llegada de Zubimendi y definición de goleador contrastado. Todo el trabajo visitante del primer tiempo quedó reducido a nada en un abrir y cerrar de ojos.
El Arsenal siguió golpeando. Ødegaard rozó el tercero, Trossard lo firmó con un derechazo ajustado en el 68 y Gabriel Jesus, recién ingresado, selló el 4-0 en el 78. Cuarta victoria consecutiva y una reacción ya incontestable. El tanto de Ollie Watkins en el 94 apenas maquilló el marcador.
El contraste fue total con el primer acto. Ahí, el Arsenal se sintió incómodo; el Villa, también, pero dentro de su plan. Los de Mikel Arteta presionaron sin encontrar fluidez, mientras que el bloque visitante combinó repliegue y contragolpe con peligro. Watkins tuvo la ocasión más clara antes del descanso y solo una intervención salvadora de William Saliba, lanzándose al suelo en el último segundo, evitó el 0-1.
Sin Declan Rice ni Calafiori, y con Bukayo Saka bien controlado, al Arsenal le faltó profundidad en la primera mitad. Casi todo murió en la zaga rival o en las manos de ‘Dibu’ Martínez. Hasta que llegó la reanudación.
Entonces, el líder mostró los colmillos. Y dejó claro que, cuando acelera, no hay plan que lo contenga.