La última entrevista a monseñor Eugenio Scarpellini fue publicada hoy, coincidiendo con su deceso. El extinto obispo de El Alto conversó con ‘La Brújula Cotidiana’, un periódico católico diario de opinión europeo, anticipando que el país ingresa a una etapa de “confrontación política”. La entrevista original fue realizada Marinellys Tremamunno, periodista residenciada en Roma, corresponsal en el Vaticano.
A continuación, replicamos algunas de las respuestas que dio Scarpellini a dicho portal, donde manifiesta su preocupación por la “tensa calma” que se vive, debido a que “el boliviano quería un compromiso de unidad para reconstruir el país y en cambio estamos viendo que hay división. Esto nos hace pensar una vez más en los intereses personales y del partido, por lo que la gente pide que los políticos sean capaces de desvestirse de todos estos intereses para pensar en el bien del país”.
- ¿Puede narrarnos qué sucedió en El Alto después de las elecciones de 2019?
Sucedió algo extraño. Los primeros veinte días del conflicto, desde que salió el primer anuncio de la posibilidad de un fraude electoral hasta que se encontraron pruebas, disfrutamos de una tranquilidad absoluta. ¿Por qué? Porque es una ciudad en donde la presencia del Movimiento al Socialismo de Evo Morales es muy fuerte, los líderes prácticamente tienen controlada la ciudad y dejaron a La Paz y a las otras ciudades todo el protagonismo. En el momento en el que Evo Morales renunció y abandonó el país, en el mismo momento se desencadenó la violencia también en El Alto.
Grupos organizados comenzaron a circular por las calles amenazando con saquear los mercados, amenazando a la gente, dijeron que, si no salían a las calles para protestar, incendiarían sus casas y tiendas. La gente decidió salir a hacer barricadas, para no permitir el movimiento de estas personas. Estos grupos (militantes del MAS) prendieron fuego a un módulo policial, prendieron fuego a la casa de la alcaldesa y crearon un clima de extrema tensión.
En ese momento de extrema violencia, el Gobierno tuvo que ingresar a la ciudad a través de las Fuerzas Armadas para proteger la planta de refinación de gasolina y poder distribuirla en la ciudad. Entonces lograron sacar las cisternas, hasta que un grupo de asalto intentó incendiar la planta. En este punto, el peligro era enorme, si hubiera sido incendiada, habríamos tenido más de veinte mil muertos. El Ejército se vio obligado a intervenir y en este enfrentamiento hubo once muertos y varios heridos, más de treinta. Este hecho de violencia extrema, que fue difundido como una violencia de parte del Gobierno que se opone al MAS, en cambio para el Gobierno fue una acción para defender una propiedad del Estado.
En la ciudad sucedió de todo, saqueos, violencia contra la policía, detuvieron y golpearon hasta la muerte a un policía. Esta situación paralizó la ciudad ... ¿Cuándo logramos superar este dramático momento? Cuando logramos obtener la nueva ley electoral a través del Parlamento. De hecho, un poco antes, cuando logramos escribir una ley para garantizar el respeto a la diversidad de pensamiento, a la libertad de prensa, para evitar la persecución política y garantizar un eventual salvoconducto para algunos dirigentes. Esta ley, junto con la promulgación de la ley electoral, encaminó el país hacia las elecciones y la pacificación.
- ¿Cuál fue el momento más difícil para su diócesis?
Cuando tuvimos que ayudar a las familias que resultaron heridas. Las autopsias de los cadáveres se hicieron dentro de la Iglesia, sobre los bancos de la Iglesia, porque nadie permitía que entraran los funcionarios del gobierno y la gente vio en la Iglesia una única garantía. Con la asistencia a los heridos, garantizando justicia a los familiares de los muertos, así poco a poco la situación se fue calmando.
¿Es posible que la violencia pueda desatarse nuevamente?
Creo que no, porque en este momento la gente está preocupada de que no haya dispersión en la votación, pues existe la preocupación de que pueda regresar la mayoría del MAS; es decir, la preocupación es cómo controlar el voto, cómo hacerlo transparente y que se respete la voluntad de la población. Si no hay hechos extraordinarios que puedan vislumbrar un fraude o manipulación, creo que podemos avanzar de manera más serena. Es por eso que estoy seguro de que no habrá más enfrentamientos.
En este período de fuerte convulsión social, las personas han redescubierto la fuerza en la fe para enfrentar la vida social en libertad y democracia. La oración mantuvo al pueblo boliviano firme, convencido en la búsqueda de la democracia, sintiendo que la lucha era correcta. En aquellos días resurgió una fe simple pero profunda en el pueblo. Fue increíble ver a la gente bloqueando las calles mientras rezaban juntos, no es común encontrar esto y lo hemos visto todos los días, en todas las calles de Bolivia.