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Algo similar había dicho el mes pasado cuando tuvo que presentarse ante un tribunal.
Hablando de cómo es ser director de Tesla, él dijo: Lo odio bastante, preferiría mucho más invertir mi tiempo en diseño e ingeniería.
También añadió la razón de por qué continúa al frente de la compañía: Tengo que hacerlo o, francamente, Tesla morirá.
El hecho de que en repetidas ocasiones él diga que no quiere dirigir la empresa puede preocupar a algunos inversores.
Lo ames o lo odies, Musk tiene una visión y una personalidad que han llevado a Tesla a su éxito actual.
Por lejos, Tesla es la compañía de autos más valiosa del mundo.
Y aun así es asombroso como dirigir esta empresa no es suficiente para Musk.
Él también es el jefe de Space X, que en abril recibió un contrato de la NASA para llevar gente a la Luna.
También fundó The Boring Company en 2016, que busca revolucionar los viajes a través de avances en la tecnología de túneles.
Atrapado
Musk da la impresión de ser un hombre atrapado. A él claramente lo motivan las ideas, la innovación, el ingenio; el excitante comienzo de una nueva compañía.
Pero la transición de este nuevo emprendimiento a un negocio gigante lo coloca en otra posición.
El creador de Apple, Steve Jobs; los inventores de Google, Larry Page y Sergey Brin, y el hombre detrás de Microsoft, Bill Gates fueron todos visionarios.
Los actuales directores ejecutivos de esas compañías -Tim Cook de Apple, Sundar Pichai de Google y Staya Nadella de Microsoft son más que líderes capaces. Pero pocos los describirían como revolucionarios.
Elon Musk, por otro lado, proyecta la imagen de un emprendedor intrépido. Pero uno tiene la impresión que el proceso administrativo de dirigir una compañía, en general, no lo motiva.
De forma paralela a su exitoso crecimiento, el jefe de Tesla ha causado todo tipo de dolores de cabeza a los accionistas de la compañía.
Actualmente está siendo demandado por accionistas que dicen que el dinero de la empresa ha sido gastado en la adquisición del proyecto SolarCity que -según ellos- se está quedando sin fondos.
Al momento de ese trato, Musk tenía el 22% de las acciones tanto en Tesla como en SolarCity.
En 2018 él acordó dar un paso al costado como presidente de Tesla luego de tuitear que estaba considerando retirar a la empresa del mercado de valores y volverla una compañía privada.
Elon Musk puede ser la segunda persona más rica del planeta pero, extrañamente, no siente la libertad de hacer lo que él quiere.
Él es la prueba viviente que uno nunca es lo suficientemente rico para no estar en un trabajo que no te gusta.
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